Y no es Sandro Jolie el único funcionario que se tiene que callar la boca, son muchos los exiguos en la plantilla del funcionariado del Ayuntamiento de Degollado. Sublimes maestros de sabiduría dan clases y lecciones de tan magna relevancia, envergadura y trascendencia que superan a los sermones del sacerdote de la Iglesia de Degollado.
En escritorio lindero a Nerón García se sienta Juancito-John Amor, quien todos y cada uno de los días desde que ingresó en el Ayuntamiento de Degollado viene reclamando una silla “especial”, afiliado al movimiento revolucionario “Gorditos Felices”, siendo el patriarca de La Revolución de los Gordos y habiendo protagonizado varios incidentes con la policía.
Dice Juancito-John Amor, a quien quiera que lo quiera (valga la redundancia) oír, que no se viste de Ché Guevara porque no quiere que lo asocien a la lacra comunista, vil flagelo del cual ni siquiera Degollado, pueblo caído del mundo se ha podido salvar.
No hay día en el que Juancito-John se canse de someter a sus compañeros a una persistente y cansina diatriba:
—¡Esto es una vergüenza! ¡Ahora festejen! ¡Yo trabajo como un animal, y me roban todo para dárselo a todos los atorrantes! ¡Esos vagos que viven en los “cante” son todos una manga de ladrones y asesinos seriales! ¡Y todavía les dan guita si mandan a los hijos a la escuela! ¡Por eso ahora las escuelas son centros de delincuentes! ¡Están llenas de malandras y asesinos! ¡Están llenas de infantodelincuentes! ¡Y todavía ahora les dan esas computadoras horribles que son verdes que andan todas mal! ¡Les dan computadoras a los vagos! ¡Gastan plata en computadoras para vagos que son una porquería! ¡Y me roban el IRPF para todos los vagos y malandras! ¡Un día me voy a levantar caliente y voy a incendiar todos los “cante” de Degolllado! ¡Que se mueran todos quemados! ¡Hay que quemar a todos los vagos y haraganes! ¡Quiero que condenen a todos los “minchos” a la hoguera!
Se dice en los pasillos del Ayuntamiento de Degollado que un día Juancito-John Amor se juntó con otros 13 iguales labrándose el acta fundacional de “Gorditos Felices”, movimiento revolucionario que reclama que todos los afiliados al movimiento tienen su más santo derecho a ser parte del sistema y de la sociedad sin discriminación y vaticina que ya llegará un día en consonancia con el Solsticio de Verano del año 2012 en que triunfará la Revolución de los Gordos, y todos los flacos serán degollados, haciendo honor al pueblo que los vio nacer, en la plaza de Degollado , al son del pregón “¡Gorditos hasta la victoria!”
—Por primera vez habrá una revolución de gorditos, vamos a marchar en una caminata bajo la luna para reclamar los derechos de los gorditos, no vamos a parar hasta que no se nos reduzca la jornada laboral a tres horas, porque un gordito no puede trabajar más de tres horas, vaya infamia, y exigimos descuento en la comida y en la ropa y ¡si no cumplen dos afiliados de 400 kilos se van a encadenar al pie del Monumento de la Tortuga en la mismísima plaza de Degollado y van a hacer una huelga de hambre! , estamos afuera del sistema, no encontramos ropa y la que hay parece un disfraz de jardinero y ¡no hay sillas para nosotros! ¡Este no es un mundo de gordos, es un mundo de metrosexuales!
Y también son muchos los malhablados que dicen que luego de decir “mincho”, Juancito-John Amor alcanza el paraíso. Lo que no se sabe es si Juancito-John llega al clímax pensando en “El Liberaj”, el funcionariado del Ayuntamiento de Degollado se pregunta si efectivamente Juancito-John sabe de Martín "Mincho" Corena, o lo repite igualito que el crápula del loro del Señor Alcalde de Degollado, Napoleón.
La leyenda dice que “Mincho” le robaba a los ricos y lo repartía entre los pobres, que fue Robin Hood hasta que mató a un policía y lo asesinaron en represalia en medio de una conmoción pública acaecida en una céntrica calle de una recóndita ciudad llamada Montevideo, cuyos protagonistas, pesos “pesados” del hampa se daban la gran vida porque andaban con mucha guita encima, y en aquellos ambientes del bajo, de los piringundines, garitos clandestinos y prostíbulos, cualquier fulano con plata era bienvenido. Tenían fama de " formadores" con las minas, incautos para la timba aunque creían sabérselas todas, y "buenas gargantas" para el escabio.
Juancito-John Amor, quizá haciendo honor a su apellido, es un enamorado del amor. A tales efectos, siempre se lo ve con cara de abombado perdido en las profundidades del chat, todos creen que se hizo adicto. Juancito-John, siempre había anhelado tener una amante y ahora todo es más fácil. El funcionariado del Ayuntamiento de Degollado se pregunta qué gracia puede tener para Juancito-John, a esa altura de la vida, ir a una cita a ciegas en donde uno se puede encontrar con cualquier bagre. -El placer es la conquista- anuncia Juancito-John orondo con voz solemne- Yo me llamo Juancito-John, soy el hombre más lindo del mundo, entiendo a las mujeres como ninguno, soy lindo igual y además ahora estoy a dieta.
No es Sandro Jolie el único funcionario del Ayuntamiento de Degollado que se tiene que callar la boca. Juancito-John Amor debería de callarse también.
En escritorio lindero a Nerón García se sienta Juancito-John Amor, quien todos y cada uno de los días desde que ingresó en el Ayuntamiento de Degollado viene reclamando una silla “especial”, afiliado al movimiento revolucionario “Gorditos Felices”, siendo el patriarca de La Revolución de los Gordos y habiendo protagonizado varios incidentes con la policía.
Dice Juancito-John Amor, a quien quiera que lo quiera (valga la redundancia) oír, que no se viste de Ché Guevara porque no quiere que lo asocien a la lacra comunista, vil flagelo del cual ni siquiera Degollado, pueblo caído del mundo se ha podido salvar.
No hay día en el que Juancito-John se canse de someter a sus compañeros a una persistente y cansina diatriba:
—¡Esto es una vergüenza! ¡Ahora festejen! ¡Yo trabajo como un animal, y me roban todo para dárselo a todos los atorrantes! ¡Esos vagos que viven en los “cante” son todos una manga de ladrones y asesinos seriales! ¡Y todavía les dan guita si mandan a los hijos a la escuela! ¡Por eso ahora las escuelas son centros de delincuentes! ¡Están llenas de malandras y asesinos! ¡Están llenas de infantodelincuentes! ¡Y todavía ahora les dan esas computadoras horribles que son verdes que andan todas mal! ¡Les dan computadoras a los vagos! ¡Gastan plata en computadoras para vagos que son una porquería! ¡Y me roban el IRPF para todos los vagos y malandras! ¡Un día me voy a levantar caliente y voy a incendiar todos los “cante” de Degolllado! ¡Que se mueran todos quemados! ¡Hay que quemar a todos los vagos y haraganes! ¡Quiero que condenen a todos los “minchos” a la hoguera!
Se dice en los pasillos del Ayuntamiento de Degollado que un día Juancito-John Amor se juntó con otros 13 iguales labrándose el acta fundacional de “Gorditos Felices”, movimiento revolucionario que reclama que todos los afiliados al movimiento tienen su más santo derecho a ser parte del sistema y de la sociedad sin discriminación y vaticina que ya llegará un día en consonancia con el Solsticio de Verano del año 2012 en que triunfará la Revolución de los Gordos, y todos los flacos serán degollados, haciendo honor al pueblo que los vio nacer, en la plaza de Degollado , al son del pregón “¡Gorditos hasta la victoria!”
—Por primera vez habrá una revolución de gorditos, vamos a marchar en una caminata bajo la luna para reclamar los derechos de los gorditos, no vamos a parar hasta que no se nos reduzca la jornada laboral a tres horas, porque un gordito no puede trabajar más de tres horas, vaya infamia, y exigimos descuento en la comida y en la ropa y ¡si no cumplen dos afiliados de 400 kilos se van a encadenar al pie del Monumento de la Tortuga en la mismísima plaza de Degollado y van a hacer una huelga de hambre! , estamos afuera del sistema, no encontramos ropa y la que hay parece un disfraz de jardinero y ¡no hay sillas para nosotros! ¡Este no es un mundo de gordos, es un mundo de metrosexuales!
Y también son muchos los malhablados que dicen que luego de decir “mincho”, Juancito-John Amor alcanza el paraíso. Lo que no se sabe es si Juancito-John llega al clímax pensando en “El Liberaj”, el funcionariado del Ayuntamiento de Degollado se pregunta si efectivamente Juancito-John sabe de Martín "Mincho" Corena, o lo repite igualito que el crápula del loro del Señor Alcalde de Degollado, Napoleón.
La leyenda dice que “Mincho” le robaba a los ricos y lo repartía entre los pobres, que fue Robin Hood hasta que mató a un policía y lo asesinaron en represalia en medio de una conmoción pública acaecida en una céntrica calle de una recóndita ciudad llamada Montevideo, cuyos protagonistas, pesos “pesados” del hampa se daban la gran vida porque andaban con mucha guita encima, y en aquellos ambientes del bajo, de los piringundines, garitos clandestinos y prostíbulos, cualquier fulano con plata era bienvenido. Tenían fama de " formadores" con las minas, incautos para la timba aunque creían sabérselas todas, y "buenas gargantas" para el escabio.
Juancito-John Amor, quizá haciendo honor a su apellido, es un enamorado del amor. A tales efectos, siempre se lo ve con cara de abombado perdido en las profundidades del chat, todos creen que se hizo adicto. Juancito-John, siempre había anhelado tener una amante y ahora todo es más fácil. El funcionariado del Ayuntamiento de Degollado se pregunta qué gracia puede tener para Juancito-John, a esa altura de la vida, ir a una cita a ciegas en donde uno se puede encontrar con cualquier bagre. -El placer es la conquista- anuncia Juancito-John orondo con voz solemne- Yo me llamo Juancito-John, soy el hombre más lindo del mundo, entiendo a las mujeres como ninguno, soy lindo igual y además ahora estoy a dieta.
No es Sandro Jolie el único funcionario del Ayuntamiento de Degollado que se tiene que callar la boca. Juancito-John Amor debería de callarse también.

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