Otro día en que el cargoso de Jolie somete al desgraciado de Nerón García al calvario, al martirio, al infortunio, al drama de soportar estoicamente aquel siniestro discurso, sus ideas sublimes, magníficas, la serie de palabras que esgrime para manifestar lo que piensa y siente, sus profundas reflexiones.
Otro día en que el cargoso de Jolie le viene a recordar al desgraciado de Nerón García que no tiene un puerto ‘pa echar el bote al agua, otro día en que el cargoso de Jolie le recuerda el otro también desafortunado incidente ocurrido el mismísimo día de la boda de Nerón García, cuando la malnacida que se convertiría en la esposada cambió de idea y cayó en la cuenta de que era más conveniente volar libre como un pájaro al viento dejando al desgraciado de Nerón García bien plantadito como un arbolito en el altar de la Iglesia de Degollado.
Es tanta la ostentación y gala en que se imbuye Sandro Jolie al presumir acerca del nombre que le ha elegido su santa madre, que en los pasillos del Ayuntamiento de Degollado se dice que el susodicho es un esquizofrénico muy peligroso capaz de degollar, haciendo honor al pueblo que lo vio nacer, a la infortunada de turno en el supuesto caso en que por obra y gracia del Señor se produzca el milagro de que alguna fémina resignada al vil destino de quedarse para vestir santos para siempre, decida aceptar esa invitación como una suerte de súplica descarnada, quizá para ver “Nosferatu el Vampiro” con Klaus Kinski, que hace al menos cinco años que viene siendo exhibida en el cine de Degollado, o quizá para degustar una pizza a caballo en el bar de la Plaza de Degollado, o quizá para asistir baile del club social y deportivo también sito en la Plaza de Degollado en donde pasan los mejores hits de Sonora Borinquen y Karibe con K.
Día tras día todos los agraciados funcionarios que ostentan el honor de tener situado el escritorio en el salón destinado al trabajo esclavo deben de soportar aquella emisión de sonidos guturales con la trágica consecuencia de someter el cuerpo a vibraciones fulminantes, los canturreos, la sublime y desafinada interpretación de “Dame fuego”, “Rosa, Rosa”, “Quiero llenarme de ti”, “Penumbras” y “Porque yo te amo”, a menos que hayan adquirido en la farmacia de Degollado aquella prenda de protección que se inserta en el canal auditivo, igualito que los usan que están cerca de compresores, taladros o motosierras, o los que cuando chicos no se habían ahogado en la piscina del country de Degollado y habían llorado todita la noche hirviendo sus santas madres aquellas gotas salvadoras. Algunos tienen desechables y otros de silicona.
“Si no fuera porque yo soy el Sandro que está vivo porque el otro se murió ahora estaría lleno de navajas y cadenas y dejé la campera de cuero y las pandillas y sino ahora sería un ladrón”, “Ahora yo soy el Sandro de la América”, “Ahora yo soy el Gitano”, son algunas de las magistrales conclusiones a través de la cual Sandro Jolie tortura a todo el funcionariado del Ayuntamiento de Degollado.
Como el de verdad, como el que ahora está muerto, Sandro Jolie se viste igualito que Elvis Presley y todos los días se pasea por el salón destinado al trabajo esclavo contoneando las caderas:
“Ahora yo soy el Elvis Criollo”, “Ya van a ver cuando Ricky Martin acepte mi invitación para venir a Degollado”, “Ya se van a morir de envidia de papá”, “Al fin y al cabo el Sandro de verdad soy yo porque mi mamá me puso Sandro y la mamá del otro, el Sandro que está muerto, como no la dejaron ponerle Sandro le puso Roberto porque no le dieron los h$%&os para ponerle Sandro pero mi mamá sí me puso Sandro porque es la más valiente ”. “Dale mamita mirá mi pose de sedución sesual”. “¿Y dónde tán mis nenas?” “Cuando hago movimientos sesuales hay como 450.000 ratones corriendo una carrera. ¿Qué mirás mamita? ¿Qué necesidad sesual tenés? ¿Qué tenés vacío? ¡Papá te shena!”
Y dale que te dale que te dale con la mismísima cantarola todos, toditos los santísimos días. Y todos los días Sandro Jolie lanza un calzoncillo atigrado en el salón destinado al trabajo esclavo mientras dice “La que lo agarra ‘ta noche es de papá”.
Todos los sábados a la tarde, Sandro Jolie acude regularmente al salón de belleza de Degollado, con el afán de retocarse las raíces de la tinta negro-azulada diciéndole al estilista de Degollado:
“Lo quiero bien azul”, “Quiero el negro bien azul”, “Para tener el color perfecto yo quiero Koleston”.
Sucedió aquel día en el que Rosita, la señorita funcionaria taquígrafa del Señor Alcalde de Degollado, la que ostenta de mayor antigüedad siendo objeto de envidia de los otros puesto que bajo el asunto “Antigüedad” cobra como cien mil pesos, y se dice en los pasillos del Ayuntamiento de Degollado: “Qué mundo tan injusto, hay que ser una vieja de m#$%a para cobrar cien mil palos”, quizá en el afán de desterrar para siempre esa terrible premonición de quedarse para vestir santos, un día fue que la señorita Rosita dijo:
—Dudo que exista un hombre más sexy que Sandro Jolie, el Gitano de hoy. Es sensualidad bruta, animalidad pura, mirada de macho, manos de seductor y caderas que estremecen de pensamientos lujuriosos a cualquier mujer que se detenga un instante a escucharlo y admirarlo.
Fue como que a Sandro Jolie le metieran un cohete en el c$%o. A partir de esa nefasta jornada, como un disco rayado y llenando considerablemente su arca la farmacia de Degollado porque el stock de tapones se agotaba día tras día, es que Jolie tararea:
“Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca”
Y por si fuera poco Napoleón, desde la jaula de oro del despacho del Señor Alcalde de Degollado corea:
“Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca”
Y todos los días, cuando la infortunada Rosa llega al Ayuntamiento de Degollado y entra en el salón destinado al trabajo esclavo, el sátrapa de Napoleón repite:
“Quien fuera baldosa para ver tu c#$%cha hermosa”
A lo cual Sandro Jolie responde:
“Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca”
La señorita taquígrafa del Señor Alcalde de Degollado todos los días se maldice y flagela por habérsele ocurrido esa maldita idea de probar suerte con semejante espécimen, y con la secreta esperanza de no oír nunca más en su vida aquel horrendo cántico es que después de salir del Ayuntamiento dirige sus pasos a la Iglesia de Degollado y ora y ora y ora:
“Me he descarriado en todos los aspectos,
pero ahora no quiero pecar más.
Te he agraviado y he sido injusto.
Ya no lo seré nunca más.
Renuncio al pecado, renuncio al Demonio,
renuncio a la iniquidad que ensucia mi alma.
Libera mi alma de todo lo que es contrario a Tu santidad.”
Sin embargo, sucedió todo lo contrario a lo esperado. Todos los días Sandro Jolie entrena al tirano de Napoleón para que a continuación de su “Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca” responda “Quien fuera baldosa para ver tu c#$%cha hermosa”
Y sucedió que un día el dueño de la Farmacia de Degollado vendió el negocio, y se dedicó a vivir de rentas.
Otro día en que el cargoso de Jolie le viene a recordar al desgraciado de Nerón García que no tiene un puerto ‘pa echar el bote al agua, otro día en que el cargoso de Jolie le recuerda el otro también desafortunado incidente ocurrido el mismísimo día de la boda de Nerón García, cuando la malnacida que se convertiría en la esposada cambió de idea y cayó en la cuenta de que era más conveniente volar libre como un pájaro al viento dejando al desgraciado de Nerón García bien plantadito como un arbolito en el altar de la Iglesia de Degollado.
Es tanta la ostentación y gala en que se imbuye Sandro Jolie al presumir acerca del nombre que le ha elegido su santa madre, que en los pasillos del Ayuntamiento de Degollado se dice que el susodicho es un esquizofrénico muy peligroso capaz de degollar, haciendo honor al pueblo que lo vio nacer, a la infortunada de turno en el supuesto caso en que por obra y gracia del Señor se produzca el milagro de que alguna fémina resignada al vil destino de quedarse para vestir santos para siempre, decida aceptar esa invitación como una suerte de súplica descarnada, quizá para ver “Nosferatu el Vampiro” con Klaus Kinski, que hace al menos cinco años que viene siendo exhibida en el cine de Degollado, o quizá para degustar una pizza a caballo en el bar de la Plaza de Degollado, o quizá para asistir baile del club social y deportivo también sito en la Plaza de Degollado en donde pasan los mejores hits de Sonora Borinquen y Karibe con K.
Día tras día todos los agraciados funcionarios que ostentan el honor de tener situado el escritorio en el salón destinado al trabajo esclavo deben de soportar aquella emisión de sonidos guturales con la trágica consecuencia de someter el cuerpo a vibraciones fulminantes, los canturreos, la sublime y desafinada interpretación de “Dame fuego”, “Rosa, Rosa”, “Quiero llenarme de ti”, “Penumbras” y “Porque yo te amo”, a menos que hayan adquirido en la farmacia de Degollado aquella prenda de protección que se inserta en el canal auditivo, igualito que los usan que están cerca de compresores, taladros o motosierras, o los que cuando chicos no se habían ahogado en la piscina del country de Degollado y habían llorado todita la noche hirviendo sus santas madres aquellas gotas salvadoras. Algunos tienen desechables y otros de silicona.
“Si no fuera porque yo soy el Sandro que está vivo porque el otro se murió ahora estaría lleno de navajas y cadenas y dejé la campera de cuero y las pandillas y sino ahora sería un ladrón”, “Ahora yo soy el Sandro de la América”, “Ahora yo soy el Gitano”, son algunas de las magistrales conclusiones a través de la cual Sandro Jolie tortura a todo el funcionariado del Ayuntamiento de Degollado.
Como el de verdad, como el que ahora está muerto, Sandro Jolie se viste igualito que Elvis Presley y todos los días se pasea por el salón destinado al trabajo esclavo contoneando las caderas:
“Ahora yo soy el Elvis Criollo”, “Ya van a ver cuando Ricky Martin acepte mi invitación para venir a Degollado”, “Ya se van a morir de envidia de papá”, “Al fin y al cabo el Sandro de verdad soy yo porque mi mamá me puso Sandro y la mamá del otro, el Sandro que está muerto, como no la dejaron ponerle Sandro le puso Roberto porque no le dieron los h$%&os para ponerle Sandro pero mi mamá sí me puso Sandro porque es la más valiente ”. “Dale mamita mirá mi pose de sedución sesual”. “¿Y dónde tán mis nenas?” “Cuando hago movimientos sesuales hay como 450.000 ratones corriendo una carrera. ¿Qué mirás mamita? ¿Qué necesidad sesual tenés? ¿Qué tenés vacío? ¡Papá te shena!”
Y dale que te dale que te dale con la mismísima cantarola todos, toditos los santísimos días. Y todos los días Sandro Jolie lanza un calzoncillo atigrado en el salón destinado al trabajo esclavo mientras dice “La que lo agarra ‘ta noche es de papá”.
Todos los sábados a la tarde, Sandro Jolie acude regularmente al salón de belleza de Degollado, con el afán de retocarse las raíces de la tinta negro-azulada diciéndole al estilista de Degollado:
“Lo quiero bien azul”, “Quiero el negro bien azul”, “Para tener el color perfecto yo quiero Koleston”.
Sucedió aquel día en el que Rosita, la señorita funcionaria taquígrafa del Señor Alcalde de Degollado, la que ostenta de mayor antigüedad siendo objeto de envidia de los otros puesto que bajo el asunto “Antigüedad” cobra como cien mil pesos, y se dice en los pasillos del Ayuntamiento de Degollado: “Qué mundo tan injusto, hay que ser una vieja de m#$%a para cobrar cien mil palos”, quizá en el afán de desterrar para siempre esa terrible premonición de quedarse para vestir santos, un día fue que la señorita Rosita dijo:
—Dudo que exista un hombre más sexy que Sandro Jolie, el Gitano de hoy. Es sensualidad bruta, animalidad pura, mirada de macho, manos de seductor y caderas que estremecen de pensamientos lujuriosos a cualquier mujer que se detenga un instante a escucharlo y admirarlo.
Fue como que a Sandro Jolie le metieran un cohete en el c$%o. A partir de esa nefasta jornada, como un disco rayado y llenando considerablemente su arca la farmacia de Degollado porque el stock de tapones se agotaba día tras día, es que Jolie tararea:
“Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca”
Y por si fuera poco Napoleón, desde la jaula de oro del despacho del Señor Alcalde de Degollado corea:
“Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca”
Y todos los días, cuando la infortunada Rosa llega al Ayuntamiento de Degollado y entra en el salón destinado al trabajo esclavo, el sátrapa de Napoleón repite:
“Quien fuera baldosa para ver tu c#$%cha hermosa”
A lo cual Sandro Jolie responde:
“Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca”
La señorita taquígrafa del Señor Alcalde de Degollado todos los días se maldice y flagela por habérsele ocurrido esa maldita idea de probar suerte con semejante espécimen, y con la secreta esperanza de no oír nunca más en su vida aquel horrendo cántico es que después de salir del Ayuntamiento dirige sus pasos a la Iglesia de Degollado y ora y ora y ora:
“Me he descarriado en todos los aspectos,
pero ahora no quiero pecar más.
Te he agraviado y he sido injusto.
Ya no lo seré nunca más.
Renuncio al pecado, renuncio al Demonio,
renuncio a la iniquidad que ensucia mi alma.
Libera mi alma de todo lo que es contrario a Tu santidad.”
Sin embargo, sucedió todo lo contrario a lo esperado. Todos los días Sandro Jolie entrena al tirano de Napoleón para que a continuación de su “Ay, Rosa, Rosa tan maravillosa” “Ay, Rosa, Rosa dame de tu boca esa furia loca” responda “Quien fuera baldosa para ver tu c#$%cha hermosa”
Y sucedió que un día el dueño de la Farmacia de Degollado vendió el negocio, y se dedicó a vivir de rentas.
—¿Bó, qué acelga?
Evidentemente Sandro Jolie ha llegado.

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